El Pobre Diablo


Sara Roitman Wainmann 2003: Futuro Imperfecto ....

Percepciones Limitadas de Tiempos Paralelos

Martes 4 al 21 de octubre de 2005

 

Sara Roitman Futuro Imperfecto

 

Futuro imperfecto – percepciones limitadas de tiempos paralelos
Sara Roitman Wainmann 2003

La obra futuro imperfecto – percepciones limitadas de tiempos paralelos, es una constelación que se subscribe con su propio territorio mágico, corroído por un sepia, cromática árida que enriquece las diferentes capas que construyen las imágenes y nos permite múltiples lecturas de una obra bidimensional. Los dos videos se remiten al transcurso del tiempo. La puesta en escena de la obra apela a un espejismo del tiempo nos permite mágicamente observar desde el futuro… el ícono se desdobla de un pasado olvidado hacia un presente incierto, se eleva y se arraiga en un futuro imperfecto. La instalación de la obra en dos paredes en ángulo de 90 grados crea una ilusión óptica tridimensional, acompañada por una sensación de movimiento - atrapa a las imágenes creadas en una perspectiva ilusionaria, mágica e icónica.
Los videos revindican sutilmente el flujo del tiempo como un péndulo entre pasado, presente y futuro: futuro presente y pasado.

 

FUTURO IMPERFECTO: EL TIEMPO DE LA UTOPÍA

Dentro de la alarmante dispersión que suelen acarrear las convocatorias temáticas, pocas obras como la de Sara Roitman recogen con tanta voluntad poética y coherencia conceptual la tesis curatorial que guía la VIII Bienal de Cuenca. No obstante su excesivo y hasta cierto punto, abstruso título, Futuro imperfecto: percepciones limitadas de tiempos paralelos trabaja precisamente aquella demanda de “resignificación y resimbolización icónicas”, en virtud de aproximarse “a las realidades sociales, a los mundos posibles y a los imposibles, a las utopías, a las quimeras, a los sueños...”, que informa Iconofilia
Intentaremos brevemente deconstruir este título a la luz de la obra misma, aventurando un recorrido perifrástico en torno a su bastión simbólico, una errancia que a lo mejor no dibuje otra cosa que los movimientos de ese asedio textual a su objeto; estratagema que corresponde a esta aguda observación del esteta español Fernando Castro Flórez: “La crítica moderna, esa tensión conceptual que no es patrimonio de ninguna disciplina, sino una exigencia de las obras mismas, se localiza en un mundo intermedio. Estar en ese mundo es errar, recorrer un laberinto de palabras e imágenes, sentir desconcierto en los pasadizos, encontrarse con aperturas casuales, ser atraído y distraído continuamente, olvidar y recordar simultáneamente” .
Futuro imperfecto: percepciones limitadas de tiempos paralelos esta compuesto por 10 fotografías de diverso formato, concebidas para ser dispuestas escalonadamente en un ángulo de 90º. Son dos secuencias de 5 fotos a cada lado, de tal modo que los módulos más grandes hacen esquina en el ángulo donde se juntan los muros. En la parte inferior de cada pared hay dos monitores que proyectan una secuencia videográfica. La serie fotográfica ha sido manipulada en ordenador y tratada en sepia (el mismo tono del video), elección cromática que subraya la noción de memoria que la artista pone en juego. En la secuencia de la izquierda la figura protagónica es una mujer sobre zancos, como en de la derecha es un hombre. Esta distribución no es casual: se sabe que el parietal izquierdo compromete la sensibilidad y los afectos, como el derecho corresponde a la voluntad y la razón, el polo femenino y masculino de la condición humana. Lo único que parcialmente comparten estas figuras es el paisaje de fondo, un descampado árido, arenoso, deshabitado: se trata de las ruinas de Rumicucho en la Mitad del Mundo: mirador, fortín, sitio ritual precolombino; topografía que nos introduce en un recinto que fue sagrado, hoy abandonado a suerte, nada más que un detalle orográfico. Desde esta oportuna locación la artista empieza a significar su idea de “tiempos paralelos”, es decir: la conflictiva “heterogeneidad multitemporal” que en palabras de García Canclini definiría la modernidad latinoamericana , simbólicamente insinuada a lo largo de la serie, y notablemente resuelta en la bellísima panorámica donde la zanquera parece detenida y atrapada en el presente, entre el monte sagrado como presencia de la memoria y el rostro de un niño como promesa del futuro.
Las perspectivas elegidas por la fotógrafa son diversas: panorámicas, contrapicados, planos medios y primeros planos trabajados en capas, cada una de las cuales introduce espectralmente, a manera de emanaciones o reflejos, elementos extraños al paisaje, todos ellos plenos de significación. Así, como el telón de fondo de la zanquera es la tierra y en general la naturaleza, la madre-tierra en la doble acepción, los elementos, o mejor dicho los artefactos que se sobreponen a la secuencia del zanquero proceden de la cultura: una silla (metonimia del poder patriarcal, eclesial, o de la sociedad del espectáculo), un reloj junto a un anillo de bodas, un mantel floreado, unas escaleras, una bombonera. Heteróclito conjunto de datos visuales que aluden a roles sexuales, mundos afectivos, usos culturales; heterotopía que devuelve a la utopía, a la reconciliación de la diferencias y las temporalidades que nos atraviesan; pues de lo que se trata, viene a decirnos esta obra, es de conjugar nuestras percepciones en futuro imperfecto, en ese tiempo absoluto que expresa lo venidero: aquella cosa que existirá, aquella acción que se ejecutará, aquel suceso que acaecerá: el tiempo paradigmático de la utopía.
De allí que Roitman haya acudido a la figura del zanquero, de aquel que parapetado sobre un frágil y precario artilugio es capaz de elevarse de la tierra, de alzarse por encima de la muchedumbre para otear el horizonte; el que al dominar el espacio metafóricamente podría reenlazar los tiempos, el que alcanza a ver lo distante para traerlo al presente y patrullar la marcha hacia el futuro. El zanquero es además ese personaje que anuncia la fiesta, que convoca precisamente al encuentro, a la caravana. Y no olvidemos el uso instrumental, pragmático de los zancos: concebidos para cruzar los ríos crecidos, para abrirse paso entre las tierras inundadas. ¿Y pasar el río o atravesar las aguas no es como cruzar el tiempo de su fluencia incesante, como juntar los distintos tiempos de sus orillas?
En el video alguien corre por un camino pedregoso, quizá la misma artista. En ambos monitores idénticas imágenes, pero en uno de ellos el orden narrativo ha sido invertido, la carrera ocurre de atrás hacia adelante. La cámara en mano de la artista adopta su mirada, usurpa su punto de vista, es totalmente subjetiva, por eso sólo vemos los guijarros del camino, retazos del paisaje, apenas escuchamos el crujido terroso de las pisadas y el aliento agitado de quien corre, de quien va y vuelve, comunicando tiempos y espacios, y donde presente, futuro y pasado se disuelven mientras asistimos a su proyección.
Echando mano de elementos y parajes cotidianos, elevados al rango de símbolos o iconos por el poder redentor y connotador del arte, y asistida por las nuevas tecnologías de la imagen, Roitman elabora una sugestiva alegoría de las temporalidades múltiples que nos conforman histórica, cultural y subjetivamente en función de imaginar un espacio posible donde estos estratos confluyan armónicamente.
Así, el sentido último de esta obra se abre en dos direcciones: el futuro seguramente no será mejor, no será menos imperfecto que el ahora, pero siempre tendremos el consuelo de la gramática, de ese “futuro imperfecto” que nombra el deseo y anuncia su realización; ese tiempo que emplea el poeta cuando dice: “Arañaré la tierra para hacerte una cueva/y allí tu Capitán/te esperará con flores en el lecho” (Neruda). Pues la poesía como el arte saben que la única utopía posible y plausible es aquella que surge de la imaginación simbólica para instaurar un lugar inusitado, un reducto hospitalario, una zona sagrada para el amor y el eros, allí donde no queda más que un suelo vacío, anegado tras los rigores del invierno.
Cristóbal Zapata

Notas:
Fernando Castro Flórez: “Asteriscos. Consideraciones para resistir a la teoría”, Lápiz. Revista internacional de arte. Madrid, año XIII, n. 109-110, febrero-marzo 1995, p. 18.
Néstor García Canclini: Culturas híbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad, México, Grijalbo, 1990, p. 15.
Iberia Square, marzo 15, 2004.

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