Futuro imperfecto – percepciones limitadas de
tiempos paralelos
Sara Roitman Wainmann 2003
La obra futuro imperfecto – percepciones limitadas
de tiempos paralelos, es una constelación que se subscribe con
su propio territorio mágico, corroído por un sepia, cromática
árida que enriquece las diferentes capas que construyen las imágenes
y nos permite múltiples lecturas de una obra bidimensional. Los
dos videos se remiten al transcurso del tiempo. La puesta en escena
de la obra apela a un espejismo del tiempo nos permite mágicamente
observar desde el futuro… el ícono se desdobla de un pasado
olvidado hacia un presente incierto, se eleva y se arraiga en un futuro
imperfecto. La instalación de la obra en dos paredes en ángulo
de 90 grados crea una ilusión óptica tridimensional, acompañada
por una sensación de movimiento - atrapa a las imágenes
creadas en una perspectiva ilusionaria, mágica e icónica.
Los videos revindican sutilmente el flujo del tiempo como un péndulo
entre pasado, presente y futuro: futuro presente y pasado.
FUTURO IMPERFECTO: EL TIEMPO DE LA UTOPÍA
Dentro de la alarmante dispersión que suelen
acarrear las convocatorias temáticas, pocas obras como la de
Sara Roitman recogen con tanta voluntad poética y coherencia
conceptual la tesis curatorial que guía la VIII Bienal de Cuenca.
No obstante su excesivo y hasta cierto punto, abstruso título,
Futuro imperfecto: percepciones limitadas de tiempos paralelos trabaja
precisamente aquella demanda de “resignificación y resimbolización
icónicas”, en virtud de aproximarse “a las realidades
sociales, a los mundos posibles y a los imposibles, a las utopías,
a las quimeras, a los sueños...”, que informa Iconofilia
Intentaremos brevemente deconstruir este título a la luz de la
obra misma, aventurando un recorrido perifrástico en torno a
su bastión simbólico, una errancia que a lo mejor no dibuje
otra cosa que los movimientos de ese asedio textual a su objeto; estratagema
que corresponde a esta aguda observación del esteta español
Fernando Castro Flórez: “La crítica moderna, esa
tensión conceptual que no es patrimonio de ninguna disciplina,
sino una exigencia de las obras mismas, se localiza en un mundo intermedio.
Estar en ese mundo es errar, recorrer un laberinto de palabras e imágenes,
sentir desconcierto en los pasadizos, encontrarse con aperturas casuales,
ser atraído y distraído continuamente, olvidar y recordar
simultáneamente” .
Futuro imperfecto: percepciones limitadas de tiempos paralelos esta
compuesto por 10 fotografías de diverso formato, concebidas para
ser dispuestas escalonadamente en un ángulo de 90º. Son dos secuencias
de 5 fotos a cada lado, de tal modo que los módulos más
grandes hacen esquina en el ángulo donde se juntan los muros.
En la parte inferior de cada pared hay dos monitores que proyectan una
secuencia videográfica. La serie fotográfica ha sido manipulada
en ordenador y tratada en sepia (el mismo tono del video), elección
cromática que subraya la noción de memoria que la artista
pone en juego. En la secuencia de la izquierda la figura protagónica
es una mujer sobre zancos, como en de la derecha es un hombre. Esta
distribución no es casual: se sabe que el parietal izquierdo
compromete la sensibilidad y los afectos, como el derecho corresponde
a la voluntad y la razón, el polo femenino y masculino de la
condición humana. Lo único que parcialmente comparten
estas figuras es el paisaje de fondo, un descampado árido, arenoso,
deshabitado: se trata de las ruinas de Rumicucho en la Mitad del Mundo:
mirador, fortín, sitio ritual precolombino; topografía
que nos introduce en un recinto que fue sagrado, hoy abandonado a suerte,
nada más que un detalle orográfico. Desde esta oportuna
locación la artista empieza a significar su idea de “tiempos
paralelos”, es decir: la conflictiva “heterogeneidad multitemporal”
que en palabras de García Canclini definiría la modernidad
latinoamericana , simbólicamente insinuada a lo largo de la serie,
y notablemente resuelta en la bellísima panorámica donde
la zanquera parece detenida y atrapada en el presente, entre el monte
sagrado como presencia de la memoria y el rostro de un niño como
promesa del futuro.
Las perspectivas elegidas por la fotógrafa son diversas: panorámicas,
contrapicados, planos medios y primeros planos trabajados en capas,
cada una de las cuales introduce espectralmente, a manera de emanaciones
o reflejos, elementos extraños al paisaje, todos ellos plenos
de significación. Así, como el telón de fondo de
la zanquera es la tierra y en general la naturaleza, la madre-tierra
en la doble acepción, los elementos, o mejor dicho los artefactos
que se sobreponen a la secuencia del zanquero proceden de la cultura:
una silla (metonimia del poder patriarcal, eclesial, o de la sociedad
del espectáculo), un reloj junto a un anillo de bodas, un mantel
floreado, unas escaleras, una bombonera. Heteróclito conjunto
de datos visuales que aluden a roles sexuales, mundos afectivos, usos
culturales; heterotopía que devuelve a la utopía, a la
reconciliación de la diferencias y las temporalidades que nos
atraviesan; pues de lo que se trata, viene a decirnos esta obra, es
de conjugar nuestras percepciones en futuro imperfecto, en ese tiempo
absoluto que expresa lo venidero: aquella cosa que existirá,
aquella acción que se ejecutará, aquel suceso que acaecerá:
el tiempo paradigmático de la utopía.
De allí que Roitman haya acudido a la figura del zanquero, de
aquel que parapetado sobre un frágil y precario artilugio es
capaz de elevarse de la tierra, de alzarse por encima de la muchedumbre
para otear el horizonte; el que al dominar el espacio metafóricamente
podría reenlazar los tiempos, el que alcanza a ver lo distante
para traerlo al presente y patrullar la marcha hacia el futuro. El zanquero
es además ese personaje que anuncia la fiesta, que convoca precisamente
al encuentro, a la caravana. Y no olvidemos el uso instrumental, pragmático
de los zancos: concebidos para cruzar los ríos crecidos, para
abrirse paso entre las tierras inundadas. ¿Y pasar el río
o atravesar las aguas no es como cruzar el tiempo de su fluencia incesante,
como juntar los distintos tiempos de sus orillas?
En el video alguien corre por un camino pedregoso, quizá la misma
artista. En ambos monitores idénticas imágenes, pero en
uno de ellos el orden narrativo ha sido invertido, la carrera ocurre
de atrás hacia adelante. La cámara en mano de la artista
adopta su mirada, usurpa su punto de vista, es totalmente subjetiva,
por eso sólo vemos los guijarros del camino, retazos del paisaje,
apenas escuchamos el crujido terroso de las pisadas y el aliento agitado
de quien corre, de quien va y vuelve, comunicando tiempos y espacios,
y donde presente, futuro y pasado se disuelven mientras asistimos a
su proyección.
Echando mano de elementos y parajes cotidianos, elevados al rango de
símbolos o iconos por el poder redentor y connotador del arte,
y asistida por las nuevas tecnologías de la imagen, Roitman elabora
una sugestiva alegoría de las temporalidades múltiples
que nos conforman histórica, cultural y subjetivamente en función
de imaginar un espacio posible donde estos estratos confluyan armónicamente.
Así, el sentido último de esta obra se abre en dos direcciones:
el futuro seguramente no será mejor, no será menos imperfecto
que el ahora, pero siempre tendremos el consuelo de la gramática,
de ese “futuro imperfecto” que nombra el deseo y anuncia
su realización; ese tiempo que emplea el poeta cuando dice: “Arañaré
la tierra para hacerte una cueva/y allí tu Capitán/te
esperará con flores en el lecho” (Neruda). Pues la poesía
como el arte saben que la única utopía posible y plausible
es aquella que surge de la imaginación simbólica para
instaurar un lugar inusitado, un reducto hospitalario, una zona sagrada
para el amor y el eros, allí donde no queda más que un
suelo vacío, anegado tras los rigores del invierno.
Cristóbal Zapata
Notas:
Fernando Castro Flórez: “Asteriscos. Consideraciones para
resistir a la teoría”, Lápiz. Revista internacional
de arte. Madrid, año XIII, n. 109-110, febrero-marzo 1995, p.
18.
Néstor García Canclini: Culturas híbridas. Estrategias
para entrar y salir de la modernidad, México, Grijalbo, 1990,
p. 15.
Iberia Square, marzo 15, 2004. |